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Me complace poder dirigirme a los visitantes de esta página que es una antesala de la Hermandad. Como dijo el fundador de los Paulinos, “…llegar a los hombres de hoy con los medios de hoy…”.

A estas palabras de bienvenida dirigida a todos, quiero que sigan otras de agradecimiento para con aquellos que se ocupan del mantenimiento de este atrio virtual, que hace grande, por virtud de la técnica, el recoleto recinto de la Puerta Real.

Los extramuros de nuestra ciudad, que sirven de marco a nuestra Corporación, han definido siempre las lindes entre dos mundos que se antojan opuestos por muchas razones (sociales, económicas, etc…) pero llamados a entenderse y reconciliarse en el Mensaje del Maestro.

Algo así nos ocurre a las hermandades con la realidad en que nos toca desarrollar nuestra labor, en el sentido de que, o nos implicamos en ella, en un deseo de transformarla por el servicio, o nuestra razón de ser será vacía y carente de sentido.

Como ya os dijera en el Boletín publicado el pasado mes de septiembre, servimos a Cristo, a su Iglesia y a su Cabeza Visible, Su santidad el Papa Benedicto XVI. En las distancias más cortas, este compromiso se concreta con nuesta Parroquia, nuestros hermanos y nuestro barrio, en la medida que lo permitan nuestras posiblidades, pero sin dar por perdida de antemano ninguna batalla por razón de nuestro tamaño o escasos medios, pues Dios bendice la obra de quienes le siguen de corazón.

Las Hermandades estamos para dar testimonio de Cristo ante los hombres y acercarlos a Él con su ejemplo. Ningún mejor ejemplo que una conducta intachable en el fondo y en la forma. En los cultos, la procesión y, sobre todo, durante el resto del año.

Ponemos en manos de Dios Redentor y bajo la protectora mirada de Nuestra Señora de las Mercedes, Su bendita madre, nuestras intenciones, obras y a nuestros hermanos en la confianza de que el servicio a todos, parroquianos y vecinos, será la mejor semilla para abonar el huerto mercedario, que fue collación donada por San Fernando a la Orden a cuyo amparo nacimos y crecimos, acunados por la devoción de un barrio, la Puerta Real.

Que así sea.

Jesús María Calvillo y Galisteo – Hermano Mayor

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